¿Por qué hablar de riesgos?

Factores de riesgo son condiciones vitales o exposiciones ambientales que aumentan la probabilidad de que una determinada enfermedad ocurra. Sin embargo, tener un factor de riesgo o exponerse a uno, no implica necesariamente desarrollar una determinada enfermedad. Por ejemplo, la edad y el sexo son considerados factores de riesgo de cáncer de mama en la mujer, ya que esta enfermedad se presenta en forma más frecuente en mujeres, especialmente de edad madura. Pero el ser mujer y el ser de edad madura no son necesariamente causas del cáncer de mama; la gran mayoría de las mujeres maduras nunca lo padecen. Sin embargo, el envejecer y el ser mujer son factores causalmente relacionados al proceso del desarrollo de cáncer en algunas mujeres.

Durante la vida, todo individuo se expone a una gran cantidad de riesgos potenciales asociados a enfermedades tan o más complejas que el cáncer de mama. Por lo tanto, cuando tantos factores de riesgo están en juego, es muy difícil determinar las causas precisas de tal enfermedad. Solamente en casos muy especiales -como por ejemplo el cáncer pulmonar y el uso del tabaco- se puede obtener una indicación concreta del porqué un individuo desarrolla tal enfermedad. En general, los factores de riesgo nos indican cómo ciertas circunstancias pueden cambiar la tasa de incidencia de una enfermedad considerando un gran número de casos.

Entonces, ¿por qué hablar de riesgos? Porque si bien la información obtenida de manera estadística no es particularmente útil cuando se trata de explicar casos individuales de cáncer, sí lo es cuando se busca entender las razones por las cuales grandes grupos de personas con características comunes tienen mayores posibilidades de manifestar tal o cual enfermedad. Sabemos, por ejemplo, que en promedio, mujeres que nunca tuvieron hijos tienen mayor probabilidad de tener cáncer de mama que aquellas que han tenido hijos tras embarazos completos. Esto tiene relación con los profundos cambios que ocurren en el tejido mamario durante el embarazo y la lactancia. De igual manera, existe suficiente evidencia que indica que mujeres expuestas a ciertas sustancias tóxicas muestran tasas más altas de incidencia de cáncer. En los últimos años, se han estudiado en profundidad los mecanismos mediante los cuales dichos químicos presentes en el ambiente imitan la acción de algunas hormonas del organismo, lo que tiene como consecuencia un aumento del riesgo de cáncer de mama. Como hemos dicho antes, no todas las mujeres sin hijos contraen cáncer, como tampoco todas las mujeres que viven en áreas contaminadas desarrollan la enfermedad, aunque muchas -más de las esperadas por simple casualidad- sí la contraen.

El punto crucial es la enorme complejidad de esta enfermedad. La probabilidad de un individuo de padecer cáncer de mama está influenciada por un gran número de factores, por ejemplo, herencia genética, historia reproductiva, estilo de vida, y exposiciones a ciertas sustancias presentes en el ambiente. Pero, más que cada factor por separado, es la interacción entre estos factores de riesgo lo que probablemente tiene el rol más preponderante en la eventual aparición de la enfermedad.

El objetivo de nuestro proyecto es explorar algunos de los riesgos ambientales más relevantes, a la vez que evitables, que están implicados al aumento de tasas de cáncer de mama. Entendiendo estos riesgos de mejor manera, podremos hacer decisiones que reduzcan las exposiciones a ciertas sustancias o materiales en nuestra vida personal y en también en nuestra comunidad, eventualmente reduciendo nuestras posibilidades futuras de ser afectados por el cáncer de mama.