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Historial Reproductivo

Cuando hablamos de factores de riesgo hormonales, nos referimos a exposiciones a hormonas naturales, particularmente al estradiol. Las hormonas son sustancias químicas secretadas por ciertas glándulas, capaces de viajar por el torrente sanguíneo hacia ciertas regiones de organismo donde ejercen algún tipo de actividad fisiológica. Tal como otras hormonas, los estrógenos como el estradiol son producidos por los ovarios durante el curso normal del ciclo menstrual.

Durante las semanas finales del embarazo, el estradiol es producido de manera más intensa junto a una variada gama de otras hormonas. Este grupo de hormonas del embarazo permiten que las células mamarias maduren y se desarrollen en preparación para la producción de leche.

En general, el riesgo de cáncer de mama es proporcional al tiempo que el tejido mamario ha estado expuesto a los estrógenos y al tiempo que las células mamarias han permanecido en estado de inmadurez.

El Ciclo Menstrual

Ciclo Menstrual

Cambios en los niveles hormonales durante las 4 semanas del periodo menstrual normal.

La menarquia precoz (primera menstruación antes de los 12 años), y la menopausia tardía (término del ciclo después de los 55 años) son ambos factores que, de manera sutil (aunque significativa), aumentan las tasas de cáncer de mama, ya que tienen como consecuencia una exposición a los estrógenos más larga que el promedio. Esta exposición prolongada al estradiol hace que las células mamarias en etapa de división sean más vulnerables a mutaciones en su ADN como también a los cambios en las funciones celulares causadas por ciertos químicos en el ambiente.

Historia Reproductiva

El embarazo y la lactancia son períodos en que la exposición a los estrógenos aumenta, por lo que las células mamarias son particularmente susceptibles a sustancias cancerígenas. Esto es particularmente cierto en mujeres que aún no han experimentado un embarazo completo, ya que sus células mamarias todavía no han terminado de madurar. Al final del embarazo, las células mamarias han completado las fases finales de su desarrollo en preparación para la lactancia. Las células mamarias maduras son menos sensibles a sustancias cancerígenas que las que aún están en desarrollo [Russo & Russo, 1998].

El embarazo provee una pequeña (aunque significativa) protección a las mujeres que tienen su primer hijo antes de los treinta años de edad. Mientras más joven sea una mujer cuando da a luz por primera vez, la reducción del riesgo de cáncer de mama será mayor. Naturalmente, el hecho de dar a luz por primera vez a los 35 o después, está asociado con un riesgo mayor [Merrill et al., 2005].

La práctica de amamantar también ha sido asociada con un riesgo menor de cáncer de mama; mientras más tiempo una mujer amamante a sus nenes, menor el riesgo de cáncer asociado [Collaborative Group on Hormonal Factors in Breast Cancer, 2002; Ursin et al., 2004]. Tal como antes, el efecto será mayor mientras más joven sea la mujer en cuestión.